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28.
Viajamos en el tren de la ausencia Kabanga. Las estaciones han sido muchas pero desconozco la última. A veces el controlador exige los tiquetes, le pregunto a qué hora llegaremos y nunca lo sabe. Paseo por los dispares compartimentos. Por tercera y primera clase. Allí he conocido mujeres bellas y escalofriantes, hermosas y desnutridas, perspicaces y estúpidas, artistas y poetas imbéciles e iluminados por la luz de su propio tranvía…
Hemos cambiado de tren hartas veces. Y de rumbo. Ha habido esperas prolongadas, choques fulmíneos, sangrantes descarrilamientos. Pero siempre regresamos al expreso, o al trencito del círculo, y continuamos con el éxodo. Se suceden los paisajes, las ciudades, las personas, los animales, las páginas… El viento me despeina, la ventanilla nos devuelve un rostro crecientemente amargo y ajeno. Vamos de viaje Kabanga… Mis antepasados, mi infancia, los sueños, son nuestro único equipaje.
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